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LA FIESTA DE SAN PATRICIO EN NUEVA ORLEANS.



(Fragmento del Libro: “HISTORIAS DE LA NOCHE”

Por: Efraín Marino @efrainmarinojr


La lluvia cesa y se aclara la noche, la pequeña carpa gotea sobre el piso de adoquines de una calle bohemia en algún lugar de Nueva Orleans, Luisiana; Es la media noche del día de San Patricio de 1927. la luz roja del bombillo de entrada, cae sobre mi sombrero Fedora, soy el portero, soy de tez negra, fumo un cigarro y cuido la puerta del bar imaginario de nuestra historia.

En la penumbra de la noche, bajo un cielo estrellado que parecía tejer sus propias melodías, se gesta un encuentro tan mágico como humano en el corazón de mi sueño. Como si el tiempo mismo decidiera detenerse para permitir que las pinturas de los íconos del blues, soul y el jazz, que decoraban el lugar, salieran de sus paredes para unirse en una fiesta celestial, donde sus almas vibraban al unísono con la música.

En el improvisado escenario, las leyendas y dueños de las estrellas del boulevard de la fama, de los primeros lugares en billboard, de los discos de oro, platino y doble platino, volvieron a ser pueblerinos de carne y hueso que se entregaban por completo a su arte. “Robert Johnson” tocaba su guitarra con pasión;, mientras que “Louis Armstrong” hacía resonar su trompeta y todo parecía un mundo maravilloso.

“Duke Ellington”, con su elegancia, tocaba el piano con maestría, con ese brillo travieso en los ojos que solo los verdaderos amantes de la música poseen. A su alrededor, “B.B. King” y “Muddy Waters” compartían anécdotas y risas, como viejos amigos que se reencuentran después de mucho tiempo, mientras que “Ray Charles”, tanteaba la mesa para encontrar su escoses, al tiempo que su pie derecho marcaba el ritmo del blues.

Entre la multitud las chicas “Billie Holiday”, “Joyce Jones” y “Ela Fitzgerald”, observaban la escena con una mezcla de nostalgia y admiración, sus voces resonaban con la profundidad de sus propias experiencias, moviéndose sensualmente al compás del contrabajo de “Charles Mingus”. Pero no todo era música y celebración; en un rincón apartado, dos corazones se encontraban en un romance secreto, el rey y la reina del soul; “James Brown” y “Aretha Franklin”, se unían en un beso sempiterno, buscando consuelo y conexión en medio del caos.

Y así, mientras el sol comenzaba a despuntar en el horizonte, la fiesta llegaba a su fin, y sus personajes, uno a uno volvían a sus respectivos cuadros y fotografías en la pared, dejando atrás recuerdos imborrables y la promesa de un nuevo amanecer. Porque, al final de la fiesta, más allá de su talento y su fama, estos grandes del blues, soul y el jazz eran simplemente personas, con sus sueños, sus pasiones y sus historias para contar.


Y yo, de regreso a la vida real, con un sabor a escoses en mi paladar, cuento las horas y los minutos para que llegue la noche del 17 de marzo de un nuevo año, para volver a ponerme mi sombrero y estar a la puerta de aquel mágico lugar.

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